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Pruebas

martes, 10 de julio de 2012

Amelia Valcárcel lee a Spinoza

[La pensadora española, autora del prólogo para las Obras completas de Baruch Spinoza que publicará próximamente en Brasil la editorial Perspectiva, comenta en esta conversación la obra del autor barroco]

Miedo a Spinoza 1

“Baruch Spinoza es uno de los grandes pensadores de la modernidad, eso que empieza con la paz de Westfalia [1648] y todavía no ha terminado porque mantenemos un mundo de valores muy parecido. Lo curioso es que a Spinoza se le negó siempre, fue un filósofo prohibido. Alguna gente no se atrevía ni a escribir su nombre y se limitaban a escribir su inicial. Hasta tal punto parecía peligroso.
Daba miedo el poder, al que no le gustaba Spinoza, y daba miedo su propia filosofía. No solo por los poderes constituidos, que estaban absolutamente vigilantes, sino porque la imagen del mundo que transmitía su obra producía pánico. ¿Por qué? Porque rompía muchas de las seguridades en que se movía aquel. En particular las seguridades religiosas”.

Dios es la naturaleza

“¿Spinoza ateo? Probablemente ateos había habido otros, pero no se lo habían contado a nadie porque su vida corría serio peligro. Spinoza no es realmente ateo. Dice que Dios y la naturaleza son la misma cosa. Que no hay nada fuera de lo que entendemos dentro de una naturaleza que es inmensa y que todavía no conocemos realmente bien. Fuera de eso no existe ningún principio separado que la vigile o hacia el que tienda. Recuerde la idea de Aristóteles: Dios está fuera de la naturaleza del mundo y el mundo tiende a él. No, simplemente no hay ningún principio separado. Decir que Dios y la naturaleza son lo mismo resultaba tremendo en el siglo XVII”.

La mesa del filósofo

“Spinoza tuvo una vida corta. Murió con 44 años. Su obra más importante, la Ética, donde cuenta todas estas cosas, donde las cuenta de un modo claro, no la publicó porque se temió que le iba a traer muchos problemas. Él había tomado para sí una divisa -caute (ten cuidado)- y bajo esa divisa dejó guardada esa obra. Lo curioso es que, a su muerte, mucha gente quiso hacerse con su mesa porque sabían que allí estaba guardado lo último que había escrito. Sus amigos consiguieron salvar esa mesa y publicar sus escritos aunque de modo poco menos que clandestino”.

Una teoría política

“Antes que la Ética, Spinoza escribió uno de los mejores libros de teoría política, el Tratado teológico-político, que sí publicó, pero con el que aprendió lo difícil que podía ser publicar según qué. Era un gran erudito, un judío de origen español que conocía el hebreo perfectamente. Conocía muy bien los textos bíblicos y cientos de páginas del Tratado están dedicadas a demostrar que la Sagrada Escritura no se puede tomar como metro de nada. Hay muchos lugares del mundo donde aún no se puede decir algo así”.

Dos siglos de adelanto

“Según Spinoza no se puede mantener el dualismo alma-cuerpo (el alma no es una cosa que viva no se sabe dónde; no hay otra cosa que cuerpos, aunque los conozcamos poco). Por otro lado, sostiene que cuando los cuerpos viven, como nosotros, en sociedad tienen que asegurarse la mejor vida posible, algo que sucede solo si hay un régimen político bien ordenado que permita que todo el mundo tenga libertad. Eso solo puede ser darse mediante un principio que no es en absoluto un anacronismo llamar democrático porque el propio Spinoza lo llama de una forma parecida. Era una mente extraordinariamente innovadora. Se adelantó a su tiempo un par de siglos”.

La mitad del camino

“Es verdad que parte del mundo del pensamiento actual tiene ya como imagen de fondo la verdad de lo contado por Spinoza y que la práctica social en los países de convivencia abierta como los nuestros tienen en parte asumido el principio democrático. Pero que la humanidad no ha recorrido ni la mitad del camino que dejó trazado Spinoza también es verdad. Sobre todo porque no es homogénea en cuanto a las creencias. Si de algo estaba absolutamente convencido Spinoza era de que había que sacar las ideas religiosas del ámbito de lo público, una cuestión que todavía está abierta en muchos lugares”.

¿Son universales los valores?

“Spinoza es un pensador barroco –usando el término como categoría histórica, no estética-, es decir, un pensador del siglo XVII. Y el siglo XVII inventa el universalismo. El barroco es el tiempo que descubre realmente el mundo completo y empieza a hacer sus mapas y a constituir las grandes compañías comerciales, muchas de las cuales están dedicadas al tráfico de mercancías pero también al tráfico de gente. Digamos que el mundo empieza a volverse un lugar extraordinariamente caminado. Aparecen las bolsas, la economía financiera... Es un nuevo mundo que se enfrenta al pasado y a un planeta que están empezando a conocer a fondo. Ese conocimiento del planeta es un principio instrumental: ¿dónde queda lo que queremos coger o comprar para obtener beneficios? Es una curiosidad utilitaria. ¿Qué hace Spinoza? Dar la primera imagen total del mundo. Cuando alguien toma sobre sí una tarea como esa descubre que su manera de interpretar puede ser relativa. Pero si decimos que los sólidos caen a una aceleración constante, ¿eso pasa igual en China? Pues sí. El punto de partida de Spinoza es similar porque se pregunta: ¿cuáles son las leyes de la naturaleza y cómo obran en nosotros? ¿Un Spinoza en China? Parece que, políticamente, es difícil. Hace falta cierta amplitud de mundo, cierto interés en conocerlo y un registro de libertad -el que sea, porque mire de qué poco dispuso él- para que el pensamiento empiece a dar esos enormes saltos de comprensión. A Spinoza ya lo habían expulsado de su comunidad a los 24 años”.

Spinoza y los modernos

“Spinoza es uno de los fundadores de la filosofía moderna, pero ¿qué se hizo con él? Ocultar toda la fuerza de su pensamiento. Se le lima por los lugares que pueda resultar más molesto. Durante un siglo entero no le se le puede ni citar. Los ilustrados lo leen y algunos lo citan, pero más que otra cosa para molestar. Todavía a finales del siglo XVIII, cuando se acusa a Fichte de ateo la palabra ateísmo les da miedo y lo acusan de ser spinozista. Toda la filosofía del siglo XIX es heredera de Spinoza, toda. Schopenhauer lo era; Hegel, también. Todos los grandes ontólogos lo son. Hobbes lo leyó, se nota. Era otro con el que guarda grandes similitudes. Al igual que en el pasado la gente tenía que optar entre ser platónica o aristotélica, la modernidad tiene dos polos: Descartes o Spinoza. Hobbes se parece a Spinoza mientras que Locke guarda más relación con Descartes”.

Miedo a Spinoza 2

“Cuando yo empecé a estudiar filosofía, Spinoza todavía era un autor del que no se hablaba normalmente. Era demasiado. Se hablaba de tradiciones filosóficas que no fueran tan implosivas ni conmovieran tanto los cimientos de todas las creencias. Después de todo, es una gran suerte que su obra no se haya perdido y que quien buscaba sus escritos para destruirlos no los encontrara”.

El País


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