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Pruebas

miércoles, 25 de julio de 2012

Degas danza dibujo

En estas páginas maravillosamente escritas, los fragmentos biográficos y los detalles técnicos se mezclan con elucubraciones sobre la danza, intuiciones sobre la fotografía y reflexiones sobre la poesía para conformar un homenaje al «dibujante más inteligente, más reflexivo, más exigente, más empecinado del mundo». Pocos libros han captado tan sentida y tan vívidamente un intercambio creativo como Degas danza dibujo. En él hallamos los imaginativos saltos de una generación a otra, el enfrentamiento entre la precaución y la libre invención, el encuentro de la palabra y la imagen, pero, sobre todo, los rastros de un diálogo productivo entre dos de las más refinadas mentes de la época, una evidencia del hermanamiento entre el arte y la más elevada inteligencia.

DEGAS
Igual que el lector, ensimismado a medias, garabatea en los márgenes de una obra y genera, al albur de la abstracción y de la punta del lápiz, seres pequeños o inconcretos ramajes junto a los bloques legibles, eso mismo voy a hacer yo, según el capricho de la mente, en la contigüidad de estos pocos estudios de Edgar Degas.
     Acompañaré las imágenes de una cantidad breve de texto de cuya lectura pueda prescindirse, o que sea posible no leer de un tirón, y no tenga con esos dibujos sino el parentesco más laxo y las relaciones menos estrechas.
     Sólo será esto, pues, un a modo de monólogo, en el que se repetirán como ellos quieran mis recuerdos y las ideas varias que me he hecho de un personaje singular, de gran envergadura y artista austero, esencialmente voluntarioso, de inteligencia poco común, vivaz, aguda e inquieta, que ocultaba, tras lo absoluto de las opiniones y la rigurosidad de los juicios, no sé qué duda en lo referido a sí mismo ni qué falta de esperanza en llegar a satisfacerse, sentimientos amarguísimos y nobilísimos cuyo desarrollo propiciaba en él ese exquisito conocimiento que de los maestros poseía, la codicia que experimentaba por los secretos que les atribuía, la perpetua presencia que en la mente tenía de sus perfecciones contradictorias. No veía en el arte sino problemas de determinada matemática más sutil que la otra, que nadie ha sabido explicitar y cuya existencia muy pocos pueden sospechar. Gustaba de hablar del arte sabio; decía que un cuadro es el resultado de una serie de operaciones... Mientras que a una mirada candorosa le parece que las obras nacen del halagüeño encuentro entre un tema y un talento, un artista de esa categoría tan profunda, más profunda quizá de lo recomendable, retrasa el goce, crea la dificultad, teme los caminos más cortos.

Boomerang

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