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Pruebas

jueves, 1 de marzo de 2012

La vuelta de los dioses

Las Ideas de Friedrich Schlegel, escritas a lo largo de 1799, vieron la luz en la revista Athenäum en algún momento de 1800. Coincidía así con la publicación, por parte de Schleiermacher, de los Discursos sobre la religión y con La Cristiandad o Europa de Novalis. Se trata, en cualquier caso, de frases o aforismos donde el menor de los hermanos Schlegel pretendía ir más allá del ceñido canon neoclásico, dando cabida, mediante la elusión y el enigma, a las vaporosas fuerzas inasibles que rondaban el siglo XIX. Las notas de Novalis, incluidas en la edición de Alejandro Martín Navarro, no hacen sino abundar en esta visión mística, religiosa, vuelta hacia lo sagrado, que se desprende de las ideas de Schlegel, y que darían paso, en breve, al argumentario romántico.

En la introducción, Martín Navarro hace un preciso recorrido por la filosofía de la segunda mitad del XVIII, de Kant a Fitche, donde se nos explica la vaporización del mundo ilustrado y su inevitable consecuencia ideológica: el advenimiento de un arte -de una estética- en el que la Naturaleza y la Historia, las fuerzas que medran y se agitan en el interior del hombre, traten de dar explicación a cuanto la Razón había dejado fuera. El primer paso de esta nueva estética será, pues, girarse hacia el viejo hecho religioso. La ambición de Schlegel y Novalis, que hace aquí de anotador entusiasta, no fue sino dar una idea consistente de lo infinito. Lo infinito como perfección y lo infinito raíz última, inaveriguable, de la existencia. Se postulaba así, contra el saber compartimentado del XVIII, un saber aproximativo, fluctuante, en cierto modo poético, y en cualquier caso, inagotable. Bien es cierto que las campañas de Napoleón, expandiendo la Razón a cañonazos, no fueron ajenas a este brote de irracionalismo europeo. Pero también lo es que aquellas pasiones, aquella sed de eternidad, son el motor ignorado, romántico al fin, de Bonaparte.

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