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Pruebas

miércoles, 7 de marzo de 2012

"La poesía puede ser la candela que alumbre la noche que atravesamos"

“Estamos ante un abismo”, dice Jorge Riechmann, “llevo tiempo tratando de analizar y advertir que corremos el riesgo de echar por la borda lo que han sido conquistas culturales muy valiosas desde hace siglo y echar por la borda a millones de seres humanos, buena parte de la humanidad, en los decenios que siguen”. Riechmann (Madrid, 1962) es un hombre multidimensional: poeta, ensayista, traductor, profesor de Filosofía Moral en la Universidad Autónoma de Madrid, militante ecologista y licenciado en matemáticas. Toda su actividad, se enmarque en el formato que sea, tiene en común esa preocupación por la crítica situación del hombre actual y el inquietante rumbo del planeta: “hay pasadizos entre algunos poemas y lo que puedo explicar a mis alumnos de la universidad, y también, por ejemplo, entre los poemas y las luchas ecologistas”.

Poesía comprometida cuyas últimas entregas son Poemas lisiados (La Oveja Roja) y El común de los mortales (Tusquets). El primero es un librito impreso en un cuaderno como los que utilizaba el poeta durante su estancia en la extinta República Democrática Alemana a finales de los ochenta (le costaban 0,95 marcos), donde muchas de las piezas vienen manuscritas en la caligrafía del autor. “Los poemas son lisiados entre otras razones porque son poemas bastante sencillos, accesibles a todo el mundo. Tengo la idea, además, de que todos somos minusválidos, y haríamos mucho mejor mirarnos así que bajo la figura del superhombre con superpoderes, que es a lo que se tiende actualmente. Al estar lisiados siempre necesitamos apoyos y muletas para poder caminar, y en mi caso, la poesía es una buena muleta desde que la descubrí”. El común de los mortales, como una especie de hermano mayor, abunda en los mismos temas y fue una de las obras poéticas más valoradas en 2011. Encontramos aquí piezas como la serie La lógica cultural del capitalismo tardío, Contra la indiferencia o La ambición profunda de cualquier poeta político.

Poesía política, pues, combativa, con voluntad de ser útil, de que cambiar el estado de las cosas. Poesía que no abunda. “A partir de los 90 ya ha habido más poetas que han visto como una situación un poco anómala que la poesía no trate estos temas. Pienso que la poesía puede tratar cualquier asunto. Juan Gelman ha dicho alguna vez que todo poema habla, en primer lugar, de la poesía, y después de todos los demás ámbitos o dimensiones de la vida humana. Los conflictos políticos, sociales o ecológicos son una faceta más, sería bastante extraño que se cercase la poesía dejando fuera todo eso”, dice Riechmann. “Si somos seres de lenguaje, si no podemos pensarnos fuera del lenguaje, si el lenguaje tiene esa potencialidad universal, y si la poesía es el lenguaje intensificado en su máxima expresión, sería raro que no pudiera tratar algún asunto. Luego otra cosa es que uno lo haga con mejor o menor fortuna”.

También poesía didáctica, que trata de enseñar y presentar nuevos conceptos. “Siempre estamos aprendiendo y enseñándonos unos a otros. Lo que muchas veces se rechaza por ser poesía didáctica es el gesto del sabihondo y, otras veces, el vender mercancía averiada, hacer pasar por conocimiento valioso cosas que pueden no serlo. Pero los buenos poemas que nos enseñan cosas son habitaciones muy apreciables dentro de esa casa grande de la poesía. Algunos de los poemas mayores de la humanidad han sido explícitamente tratados para enseñar cosas, como De Rerum Natura, de Lucrecio”. Así ve Riechmann la poesía, como una casa rica en estancias, perspectivas y espacios. “Si alguien con sus criterios decide cerrar el campito, el huerto o la casa de la poesía, allá él o allá ella. Yo la veo como una casa mucho más abierta con muchas habitaciones con ventanas que dan a paisajes diferentes y con pasadizos que nos pueden llevar también, por qué no, hacia otra clase de experiencias estéticas”.

El calentamiento global, la crisis económica, la superpoblación, se encuentran entre sus preocupaciones. “Resuena en mis oídos desde hace tiempo esa advertencia que lanzaba Pier Paolo Pasolini en su última entrevista antes de ser asesinado, cuyo título era ‘estamos todos en peligro’. La poesía, el resto de las artes y todos los sectores de la cultura deberían situarse debajo de esa advertencia. Vivimos frente un peligro extremo y tenemos poco tiempo para reaccionar”. ¿Y cómo reaccionar? “Hace falta un vigoroso esfuerzo de imaginación”, propone, “el ecosocialismo es más necesario ahora de lo que podía ser en los años 60 o 70 y sin embargo las condiciones políticas para ello, después de decenios de retroceso constante neoliberal y neoconservador, son peores que nunca, con lo que hay una tensión tremenda. Hay investigadores como Lester Brown que han encontrado que no es posible reconducir las cosas bajo el actual sistema económico”.

Vivimos, a juicio de Riechmann, en una sociedad ciega a las amenazas que se ciernen sobre nosotros. “Se puede hablar de esos decenios como la era de la denegación. No solo por los negacionistas del cambio climático o la evolución darwiniana, no es solo eso, la cultura dominante es negacionista con respecto la cuestión de los límites en general. No tenemos límites, uno de los fenómenos de mayor trascendencia es el hecho de que las sociedades industriales están creciendo contra los límites del planeta y eso es algo que niega la cultura dominante. Es pasmoso, hay que tener una venda muy tupida delante de los ojos para pensar eso”.

La situación en España tampoco le resulta demasiado halagüeña. “No esperaba antes de las elecciones que un gobierno del PP pudiera dar las respuestas que considero necesarias y, en efecto, las medidas que está tomando son una declaración de guerra contra la sociedad y la naturaleza. La reforma laboral y las políticas que está tomando el ministro de Medio Ambiente Arias Cañete, por referirme a dos asuntos, son bastante terroríficas”.

Los versos, de nuevo, como muleta, también como luz para alumbrar el camino. Porque Riechmann piensa que la poesía sí puede servirnos de algo en estos tiempos convulsos. “Puede ser la candela que alumbre la noche oscura por la que andamos. Tiene algo de herramienta de exploración y descubrimiento para seres desorientados. También como forma de desalienación en esta época en la que estamos más colonizados en nuestras vidas y nuestras mentes de lo que lo hemos estado en el pasado. O para ofrecer propuestas de sentido para la existencia humana, en esta situación de crisis es algo que las personas echan en falta. Casi siempre estamos hambrientos de sentido, nos las apañamos fatal dentro de la vivencia del sinsentido. La poesía, en definitiva, como un arte de vivir”.

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