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Pruebas

jueves, 20 de septiembre de 2012

La mirada del paseante

Esta es una novela distinta. Es distinta en estructura, en la aplicación del punto de vista y en su escritura, lo cual es como decir que estamos ante un libro extraordinariamente sugestivo y un verdadero derroche de arrojo literario. Teju Cole es un escritor e historiador de arte, hijo de padres nigerianos, nacido en Michigan, criado en Nigeria y establecido desde 1992 en Estados Unidos. Ciudad abierta es su primera novela y entronca directamente con el gran creador de la literatura moderna, Charles Baudelaire, porque su narrador es un paseante que camina por la ciudad y mira. Hay en él un placer de mirar y sentir semejante al del flâneur de Baudelaire sintiéndose anónimo observador entre la multitud desconocida. En ambos se da esa visión de la ciudad moderna concebida como “desierto del hombre”, pero la singularidad de Cole está en que él, aunque vive y trabaja en la ciudad de Nueva York, la contempla con una mirada exterior, no nativa, y su intención es el conocimiento, no el descubrimiento de un sustancial cambio de modelo social.
El relato es también un repaso minucioso, y emotivo, de su propia historia
La novela debe también mucho a un escritor como W. G. Sebald: esa mezcla de narración, reportaje y observación que Sebald ajustó magistralmente en Los anillos de Saturno halla aquí su eco porque el narrador es un paseante que camina y observa, reacciona, se relaciona —principalmente con inmigrantes y, en estupendo contrapunto, con un viejo profesor de literatura y una cirujana belga— y, al aire de las pequeñas cosas y los pequeños sucesos, integra en la corriente de su relato de manera admirable los conflictos del mundo, bien políticos, bien morales y éticos; con ello, el flujo de pensamiento que lo acompaña en sus paseos se introduce en la propia descripción de la ciudad, que se muestra con una plasticidad (colores, objetos, sensaciones) deslumbrante. Es tan difícil mezclar bien todos estos aspectos de una narración que su novela se convierte en un logro memorable.

El narrador es un joven psiquiatra nigeriano establecido en la ciudad y el relato es también un repaso minucioso, y emotivo, de su propia historia, de su conciencia y su yo, del cual se desprende también la presencia y el hondo sentido de la inmigración y sus consecuencias, expuesto con serenidad y sentimiento. En cuanto a la estructura, fundada en la sucesión de paseos —y en una escapada a Bruselas muy bien elegida como contraste—, alterna pasado y presente, tanto de sí mismo como de sucesos y problemas de nuestro siglo, en una interrelación que se desliza de un tiempo a otro con gran naturalidad como, por ejemplo, el paso de la lluvia en la casa de Lagos a la lluvia de Bruselas. Junto a ello, la sensibilidad perceptiva del narrador, llena de referencias culturales, obvia esa trampa clásica del escritor primerizo de la referencia constante a las fuentes culturales y se muestra con frescura y convicción. Y lo mismo puede decirse de su andariega escritura, donde la descripción se llega a cargar de imágenes que no abruman y de otras de sugestiva sencillez, como cuando anda por la orilla del Hudson (“Escuchando el aliento del agua caminé por el paseo hacia el norte”).

Y esta novela es, quizá, una fascinante versión moderna de lo que antes se llamaba "novela de ideas". Transcurre en 2007, seis años después del atentado a las Torres Gemelas.

El País

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