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Pruebas

sábado, 8 de septiembre de 2012

El prisionero del cielo

La literatura es el modo mismo de lo imposible. Esa imposibilidad, es el mismo modo que utilizamos para crear lo imaginario de un texto, para purificar la funcionalidad de los hechos de referencia que oscilan en lo interior, y que queremos desenmascarar a través del tintero, que no asimila el esfuerzo de darle vida a una historia que pulula por tiempo en nosotros.

La contiguidad sorprendente de la literatura y del escritor forman parte muchas veces, de ese edificio que en el camino, y sobre todo por la experiencia que en determinadas ocasiones asumimos tras leer algún libro, muchas veces nos hace experimentar ciertos bailoteos, dejadeces o giros,  y en el cual podemos decir que no es un hecho propio como me ha sucedido con este libro: El prisionero del cielo del escritor Carlos Ruiz Zafón, pero con menor fuerza que los demás libros. Ahora, ¿Es un hecho aislado esos giros propios de la literatura actual, el hacernos de la vista gorda, el no asumir a un escritor de nuestra época y no verlo como autor de una literatura aceptable?, no es un hecho separado, es una realidad de mercado, el asumir el tipo de literatura de hoy día, por eso en ocasiones siento ciertos  rechazos literarios con lo que leo.

Todas las figuras escritas en el libro: El prisionero del cielo, es una evidencia más de la operatividad de la estructura que utiliza el escritor para amarrarnos a la intriga, al que pasara en cada página que expulsamos para no perder el hilo de la narración. Esta novela que es la tercera parte de la saga del Cementerio de los libros olvidados es un hecho mas que detrás de esta literatura nunca se niega la seguridad que tendremos de ser atraídos por el narrador, como así lo hizo en La sombra del viento y El juego del ángel.      

La visita inesperada de un misterioso visitante a una librería, hurgando los años de 1957 en Barcelona, se convertiría más luego en toda una intriga, o mejor dicho la inquietud más desgarradora que asumiera Daniel Sempere, y uno de los desafíos más grandes llevado a cabo por un librero por determinar quien era ese personaje extraño que entrara un día y que llevaba consigo un terrible secreto, que creían estaba disuelto por el tiempo, no él, sino a quien iba dirigido el libro El Conde de Montecristo donde dejo impresa aquella nota misteriosa: "Para Fermín Romero de Torres, que regresó de entre los muertos y tiene la llave del futuro"  y que con el tiempo asimilará el destino que debe enfrentar.  La respuesta a esta dedicatoria la logramos completar en la segunda parte del libro, donde nos da los pormenores del entramado de la intriga que una vez arropó a Daniel Sempere. En cierta ocasión tras la lectura, nuestras emociones cambian de lugar, ya no queremos ver quien, junto a Daniel, queremos saber quien es ese hombre extraño que entra a la librería, sino que ahora perseguimos la historia que se traslada sobre la infidelidad de la Beatriz, esposa de Daniel con su antiguo novio Pablo Casco Buendía y en gran parte de la novela con la historia de Mauricio Valls.

Dándole toque finales a mi apreciación sobre la novela, creo que de algún modo el autor logro su objetivo, a pesar de la extensión del mismo, donde podía acortar un poco lo que narraba, pues como dije habían punto donde mas que información, eran relleno de la trama, que creo que si lo quitaba en nada perjudicaba la novela.

Sea usted del jurado.

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