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Pruebas

jueves, 27 de junio de 2013

La otra historia de la segunda guerra mundial

Durante años, la historiografía oficial de la segunda guerra mundial se ha centrado en las acciones desarrolladas por los ejércitos regulares de las potencias aliadas. En este libro se da cuenta de otra lucha, la de las milicias populares no sólo contra el fascismo, sino también contra el colonialismo y el imperialismo.

Dos guerras paralelas: por una parte una guerra imperialista para repartirse el mundo, y por otra una guerra popular, por mejores condiciones, derechos y libertades. Un buen ejemplo de esta dicotomía ocurrió en Grecia donde la resistencia local derrotó a los nazis y el ejército británico suprimió la resistencia matando 50.000 personas. O en Alemania, donde las numerosas comunidades antinazis fueron ignoradas.

El abismo entre la motivación de los gobiernos aliados y la de los que lucharon contra la barbarie, opresión y dictadura resultó insalvable. Los  acontecimientos que sacudieron el mundo entre 1939 y 1945 no constituyeron  pues un solo combate, si no que fueron dos guerras distintas. Ésta es la otra historia, la olvidada.

"Gluckstein ha escrito el que posiblemente es el libro más importante sobre la segunda guerra mundial que se publicará en años. Se merece el número de lectores más amplio posible. Uno sólo puede desear una segunda edición ampliada, para una historia de las clases populares definitiva". John Newsinger , Bath Spa University

INTRODUCCIÓN 

La imagen de la segunda guerra mundial: una paradoja 

     La segunda guerra mundial es única entre los demás conflictos del siglo xx. Otras guerras, como la primera guerra mundial, la guerra de Vietnam o la de Afganistán, comenzaron en medio de un amplio apoyo popular, azuzado por unos medios de comunicación sumisos, pero este apoyo se fue perdiendo en cuanto la mortal realidad y las auténticas motivaciones de los gobiernos se abrieron paso a través de la cortina de humo propagandística. La segunda guerra mundial escapa de este paradigma. Su reputación fue positiva de principio a fin, e incluso hoy en día permanece inmaculada.

     Hubo una comprensible alegría, en los países bajo dominio del Eje, ante la derrota de Alemania, Italia y Japón. Pero los encuestadores de los Estados Unidos observaron que la popularidad de la guerra no hacía sino crecer conforme aumentaba el número de muertos. Mientras que el apoyo al presidente Roosevelt nunca bajó del 70 por ciento, el apoyo a iniciativas de paz descendía.

     Una situación similar se dio en Gran Bretaña, donde los voluntarios de «Mass Observation»* medían la opinión pública. De manera asidua registraban conversaciones y calibraban actitudes. Un comentario «típico» del periodo de la «guerra falsa» (cuando se habían declarado las hostilidades pero no se había llevado a cabo ninguna acción) era: «no comprendo por qué no hacemos nada... Por qué no atacamos Italia o comenzamos algo en Abisinia». Un observador anotó «la abrumadora aclamación con que se recibía cualquier noticia de una acción ofensiva». Hoy en día los imperialistas no se dedican a hacer caceroladas por las calles para financiar sus operaciones de bombardeo, pero en 1940 se estableció un «Fondo para Aviones de Caza» cuya «característica más llamativa era la manera en que todo el mundo se sumaba a la recogida de fondos...». Años de durísima lucha y enormes pérdidas de vidas no hicieron disminuir el entusiasmo.