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Pruebas

jueves, 10 de enero de 2013

Libertad

La amplia visión recurrente en el objetivo de querer armonizar lo leído con lo recomendable, es un juego que nos acosa en cada pisotón que le demos a unas de las teclas que conforma ese tablero de palabras, porque el querer práctico de  sacar conclusiones concretas para el presente es lo fundamental a la hora de dar una opinión. Quien lee se adentra en mundos distintos a su entorno inmediato y dispone tiempo para meditar y reflexionar;  antes la cantidad exploratoria de argumentaciones a favor de un escrito.

La literatura, y más que la literatura de por sí, ha de ser un juego donde el mayor disfrute sea entre escritor y lector, el lazo cognitivo para una posible comunicación entre ese escritor, que con toda la buena fe nos hace introducir en sus mundos, nos hace ver sus demonios, y del cual en sus adentros, él espera que nos conectemos, nos enlacemos a sus laberintos. Este engranaje no mucha veces se da, por la poca mente acuciosa en el aspecto narrativo que el escritor nos oferta, y es el caso de lo que a continuación escribiré.

Al parecer, muchas veces la influencia ante lo recomendado de un escrito, puede ser una verdad inamovible, en cualquier caso se trata de creer o dudar, solo tiene dos opciones, aceptar la recomendación o prefiere hilar o nadar en otras fuentes. Alguien en un momento dado me recomendó Libertad de Jonathan Franzen, el cual con mucho entusiasmo lo asumí como una obra a la cual no me iba a despegar. Fueron muchas las críticas que pude ver a favor del escrito.

Este escritor analiza la vida intima de varios personajes, ubicados en trajín de nuestros tiempos. Patty y Walter Berglund, dos de los personajes principales, miembros de una nueva y floreciente clase urbana, quienes fueron los pioneros en la recuperación de un barrio degradado. Patty es el personaje modelo de todo el vecindario, y prácticamente de toda la novela, pero siendo la mujer más activa quiere enrollar su vida tras la felicidad, debido a los cambios que trajo el nuevo milenio, su hijo se granjea con vecinos republicanos, su esposo se congracia con su antiguo amigo Richard Katz, un rockero y mujeriego, creando inestabilidad en la familia. “Con una efectiva combinación de humor y tragedia, Franzen desgrana las tentaciones y las obligaciones que conlleva la libertad: los placeres de la pasión adolescente, los compromisos despreciados en la madurez, las consecuencias del anhelo desenfrenado de poder y riqueza que arrasa al país. Así, en los aciertos y errores de un grupo de personas que tratan de adaptarse a un mundo confuso y cambiante, Franzen ha pintado un cautivador retablo de nuestra época”.

Todo hasta ahí  marcha bien, no debe asombrar las coincidencia entre el escritor y lo que voy leyendo, todo comienza en la forma como hace instrumento de la narración, narrar por narrar, es como vehículo sin obstáculos, que solo tiene como fin narrar, no hay frases o pensamientos que retumbe en el escrito, pasajes que transforme tu parecer, si acaso las primeras 100 páginas, uno se habitúa  de que el autor te va acomodando para ir erigiendo el ambiente de afianzamiento, pero que va, todo quedo en lo narrativo. Creo que la literatura es mucha más que eso, es cruzar el tiempo por lo que leemos, es hacernos recurrente a ella.

Os sea el jurado…..