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Pruebas

viernes, 25 de abril de 2014

Memorias de Neil Young: El sueño de un hippie

Desde la estepa canadiense al pináculo de la gloria pasando por algunos infiernos, pocas santidades y muchas patologías: la narración de una vida inenarrable.  
Infancia esteparia, sueño californiano, Buffalo Springfield, Crosby y sus colegas, Crazy Horse... Ácidos, copas, escándalos, mujeres, acordes inextinguibles, desacuerdos... Regresos, vueltas y revueltas... Ésas son las claridades, ¿pero qué hay detrás o debajo de las sombras?
 Neil Young es una leyenda en ejercicio, una figura insoslayable del canon roquero desde los ya lejanos sesenta y además un enigma. Al menos hasta ahora. Porque el muy esquivo sujeto, aquejado tal vez de una brusca simpatía, decidió cierta mañana mostrarnos el sanctasanctórum de sus recuerdos e intimidades. Ese improbable experimento confesional es este libro: una voz cantante escrita de puño y letra (no hay fantasmas por medio) que nos presenta el calidoscópico panorama de una vida y una música ejecutadas hasta la médula, que nos conduce desde las nieves de Ontario a los edenes hawaianos pasando por las calles alucinadas de Los Ángeles en los albores de la gran turbulencia. Estamos, pues, ante el «relato definitivo» (tópico por una vez justificado) de un viaje obstinadamente inenarrable o, como afirma un crítico sin duda perspicaz, ante «la historia del rocanrol abierta en canal, en primera persona y en presente de indicativo».
Capítulo uno

Broken Arrow Ranch, primavera de 2011

La familia Young: padre Neil, madre Pegi
Hijos Amber y Ben 

     Arranqué la cinta adhesiva de la caja de cartón. En el suelo había un montón de papel de regalo. Ben miraba desde la silla y Amber y Pegi estaban sentadas a mi lado. Con cuidado, extraje de la caja un objeto pesado. Estaba envuelto enmás papel de regalo y en una capa gruesa de un material protector esponjoso. Entonces lo vi: un intercambiador de locomotoras con un distintivo hecho amano de Lionel. Curiosamente, no era un Lionel de verdad. Debía de tratarse de un prototipo.
     En la caja había una nota escrita de puño y letra por Lenny Carparelli, uno de los numerosos italoamericanos vinculados de una forma u otra a la historia de Lionel, una empresa de la cual todavía poseo una pequeña parte. Leí la nota. La maqueta era de la General Models Corporation. Era un intercambiador bien bonito y se trataba del prototipo que Lionel había empleado para crear su propiamaqueta. Tal como indicaba la nota, eso había sucedido antes de que los pleitos empresariales y los secretos profesionales se hubieran adueñado por completo delmundo de la creatividad y del diseño.
     En vacaciones, Pegi siempre me regala objetos para coleccionista de Lionel; tengo una amplia colección de rarezas expuestas en una cristalera en una habitación con una enorme pista para trenes. No se trata de una pista normal, pues el paisaje lo forman tocones de secuoya, que hacen de montaña, y musgo para los prados. La red de ferrocarriles ha pasado por un momento duro, tras lo cual se ha producido una sequía. El trabajo en las vías férreas, antes realizado por equipos de chinos infatigables, ha quedado abandonado. Ahora unas máquinas de vapor chinas caras y detalladas de Lionel cruzan las vías. Mi red de ferrocarriles es en cierto modo histórica, pues en ella se idearon y desarrollaron a partir de cero los sistemas de sonido y de control de comandos de Lionel. Luego se ajustaron sobre ella los prototipos y se creó y probó el software para, de nuevo, volver a reprogramarse y probarse en infinidad de ocasiones. En suma, un auténtico quebradero de cabeza, diríase, todo lo relativo al desarrollo de esos componentes electrónicos. La historia arranca, en este punto, con el nacimiento de Ben Young.