Bienvenido

Si eres amante de la lectura, tiene todas las llaves que te puede dar este humilde blog para continuar en tu viaje.

Pruebas

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Nombres y animales

Dinamitando desde la base el realismo mágico, pero nutriéndose, en cierto sentido, de su absoluta libertad fabuladora, la escritora dominicana Rita Indiana construye en esta prodigiosa novela, que supera los logros de su libro anterior, Papi (Periférica, 2011), un edificio narrativo gobernado por una entrañable adolescente (que, desde las primeras páginas, se vuelve fundamental en nuestra vida de lectores) y habitado por una familia tan peculiar como, aunque suene a contradicción, y ya entenderán por qué, «corriente».

Mientras los padres de la protagonista dejan el Caribe para visitar la Exposición Universal de Sevilla de 1992, ella se emplea en la clínica veterinaria de sus tíos Fin y Celia, dos personajes dibujados con una precisión y un humor únicos, marca de la autora. Historias rocambolescas, animales sin nombre, hijos ilegítimos, haitianos maltratados, amantes de otro tiempo... y también de éste. Y, por supuesto, como en todos los veranos a esa edad, el descubrimiento del sexo. O sea, Armenia, Radamés, Vita, Guido, Cutty, Mandy, Uriel, Claudia... Magia y estupor unas veces; misterio y deseo otras. Una doble vuelta de tuerca al tema del culebrón latinoamericano y al tema de la novela de iniciación. Una novela apabullante, escrita en estado de gracia.

«Literatura flow, de lectura sincopada, fraseo de poesía callejera, cadencia de merengue anfetamínico y un extraño sabor a poesía beat tamizada por el filtro del realismo mágico.» Xavi Sancho, El País

«Rita Indiana construye en Papi un edificio narrativo «con la cadencia del merengue» y la mirada de una niña solitaria que podría ser un cruce entre Cien años de soledad y Misery, y que acaba siendo una novela pop, homenaje a la cultura popular, pero no sólo la latinoamericana sino también la norteamericana.» Laura Fernández, El Mundo 

I
What was that thing that came after me? 
Los gatos no tienen nombres, eso lo sabe todo el mundo. A los perros, sin embargo, cualquier cosa les queda bien, uno tira una o dos sílabas y se les quedan pegadas con velcro: Wally, Furia, Pelusa, etc. El problema es que sin un nombre los gatos no responden, ¿y para qué quiere uno un animal que no viene cuando lo llaman? Mucha gente se conforma, dicen Aníbal, Abril, Pelusa, etc. y los nombres rebotan como el agua sobre los pelos de gato. Dicen Merlín, Alba, Jesús y los gatos, como si no fuera con ellos, van a lamerse el culo en la dirección opuesta. Cualquiera se tira de un puente.
Abro la puerta y en el aire siento el golpe de cloro con el que repasan los pisos y paredes de este lugar, como todas la mañanas recorro las salas abrien do las ventanas y en mi mente comienzo a darle vueltas en una tómbola a todos los nombres que he escrito en mi libretita durante la noche anterior.
Atila
Cianuro
Picasso
Arepa
Meter
Peter
Alcanfor
Meca
Rómulo
Liliput
Goliat
Kayuco
Kawasaki
Meneo
Bambi
Burbuja
Abu
Amadeus
Danny
Núcleo
Apuesto a que esa c con a de meca y esa c con l de núcleo van a quedarse enganchadas del pellejo del animal como anzuelos. Las persianas del sótano están oxidadas y la manivela tarda un poco en ceder, cuando finalmente entra un rayo que ilumina desde la pileta de bañar a los perros hasta la jaula más grande, donde cabría un san bernardo, una bolita surge de la tómbola hacia mi boca con el nombre ganador.