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Pruebas

viernes, 1 de noviembre de 2013

Cine y jazz

Un libro extraordinario en el panorama mundial que desglosa mediante múltiples entradas descriptivas ordenadas alfabéticamente la relación entre cine y jazz desde comienzos del siglo XX hasta la actualidad, tras un prólogo donde se describe la evolución estético-cronológica de estas dos expresiones artísticas que alcanzaron la respetabilidad cultural al unísono. El texto va acompañado de un útil índice onomástico y cientos de ilustraciones diversas, en color y blanco y negro (fotos y carteles de películas, instantáneas de actuaciones, retratos de músicos y cineastas, portadas de discos, fachadas de clubs y salas, etc.). Nieto de un músico astorgano que había tocado en salas durante el período del cine mudo y después regentó cines, el madrileño Carlos Aguilar es historiador cinematográfico y novelista. Cuenta con una docena de premios, y sumando autorías individuales, compartidas y colectivas a lo largo de veinticinco años, ha publicado cerca de setenta libros, entre España, Italia y Alemania, de los cuales el más célebre es la "Guía del Cine".  


Cine & jazz: reunión 

Sigue sin determinarse con la deseable precisión el origen del término «jazz», pese a que la música que define cuenta ya con un siglo de existencia, redondeando fechas, y disfruta de una copiosa bibliografía internacional, a menudo magnífica. No obstante, existe un cierto consenso en el rudimento más o menos escabroso del vocablo, partiendo del irrefutable hecho histórico de la incubación del jazz hacia finales del siglo xix en Storyville, un barrio de Nueva Orleans a la sazón degradado y festivo por igual, en particular pródigo en burdeles de baja estofa («el paraíso más seguro de Estados Unidos para la gente más viciosa del mundo», en brutal resumen del guitarrista Danny Barker), dentro del cual confluían, entre heteróclitos marginados sociales e incluso delincuentes, los músicos negros y los criollos (Black and Tan, según la terminología que popularizaría el propio jazz, a partir del tema compuesto por Duke Ellington) y cuya populosa calle Basin Street no tardaría en titular un tema cardinal de la modalidad, que pronto devino standard 1. Así, «hay quien dice que deriva de un juego de palabras de carácter onomatopéyico, gism-jasm, que tiene que ver con la fuerza pero también con el esperma. Para otros procede de chasse beau, o buena caza en francés, voz asociada al baile del cake walk que se desarrolló durante las últimas décadas del siglo xix en Nueva Orleans y que terminaba con el premio de un pastel. Chasse beau terminó por deformarse en jasbo, palabra que llegó a ser una especie de apodo de los músicos. Asimismo se ha señalado la posible relación con otra voz del argot criollo de Nueva Orleans de origen francés, el verbo jasser, que significa acostarse. También las prostitutas de la ciudad recibían el nombre de jazz-belles, que sin duda procede de la deformación del nombre bíblico Jezabel. Otra posibilidad la apuntó hace años el jazzman Dizzy Gillespie, para quien «jazz» procede de la voz jasi, de origen africano y que significa «vivir intensamente».