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Pruebas

viernes, 22 de agosto de 2014

La fuerza y el viento

Uriel Gamboa flota a la deriva en medio del Caribe, sin agua y con un cadáver a su lado. El camino hasta aquí ha sido largo: educado en una rígida disciplina militar, escapa de casa siendo adolescente y se une a Miguel Lantery y Gabriel Paíño para cumplir el sueño de convertirse en un verdadero pirata. Su objetivo: apoderarse del oro robado por los nazis tras la Segunda Guerra Mundial y saquear a banqueros estafadores y capos de la droga.

Sus incursiones llevarán a estos piratas contemporáneos a surcar los mares desde la Costa del Sol española al litoral italiano, desde Irlanda hasta el Caribe, asaltando barcos y enriqueciéndose gracias a la venta de sus cuantiosos botines y a las inversiones en negocios amparados en paraísos fiscales.
La fuerza y el viento es una apasionante novela de aventuras, una obra de ficción que recorre la historia de las últimas décadas desde la mirada de unos piratas implacables para los que las derrotas más amargas sólo pueden compensarse con la venganza.

«Las descargas de adrenalina inducen a una turbia soledad a ese hombre inexpresivo y con ojos gris ártico. El pirata se llama Uriel Gamboa y la primera vez que expolió un barco tenía nueve años.» 

PRIMERA PARTE
      Intenta protegerla del sol, y entonces recuerda que ella ha muerto. Ha sido un gesto inútil. Tanto como mirar alrededor. Nada a la vista. Únicamente ellos y su balsa derivando en mitad del Caribe.
      El vendaje le contiene la hemorragia y los tiburones ya no les rondan. Tal vez se hayan saciado con los cadáveres de los otros. De momento, al menos.
      Antes de morir, dicen, la vida entera pasa ante tus ojos. Falso. Te sientes tan agotado que sólo ansías entregarte, acabar... Lo otro, ese evocar tu existencia, él lo ha vivido días antes. Comenzó setenta y dos horas después del ataque y de que su velero reventara, en mil pedazos, alcanzado por la granada explosiva.
      En el fondo, que les hundiesen la balandra con un lanzacohetes casi ha sido una victoria. El tesoro también se fue a pique con ella. Los muy canallas se quedaban sin botín. Aunque tal vez eso no importara demasiado y solamente pretendían enviar un mensaje bien clarito. Ahora todos saben cómo las gasta el cártel del Golfo.
      No siente miedo, ni le importa cuánto más seguirá vivo. Sólo espera que nunca descubran su cadáver. Su único anhelo es desvanecerse en las profundidades del mar.
     Hace un esfuerzo por pellizcarse y nota que la piel harda en recobrar la tensión. Está deshidratado. Sufre punzadas en la cabeza y la memoria le juega extrañas pasadas. Acaba de recordar una cita del historiador aquel... ¿Cómo se llamaba? ¿Gosse?... ¡Qué sandez! No recuerda el nombre pero sí las frases: «El pirata afortunado, como el hombre afortunado en todas las demás profesiones, no busca notoriedad por razones palpables. Es dudoso que ni aun los más infatigables periodistas, de existir en su forma actual, lograran vencer tal modestia. El pirata que escapaba a la horca prefería ir a la oscuridad con su fortuna...».