Ir al contenido principal

Cándido, o El Optimista


Título original: Candide, ou l’Optimisme

Autor: Voltaire

Traductor: Leandro Fernández

Editorial: Edhasa

Año de publicación:1759

Año de edición :2007

Número de páginas:84

Genero: Novela, Clásico, Ficción, Filosofía, Sátira, Novela picaresca, tragedia


Convirtiéndose en uno de los texto más famoso de Voltaire, ha sido considerada una de las obras maestras de la literatura francesa, publicado en 1759 y republicado veinte veces duran la vida del autor. Una obra que sin lugar a duda fue el pasatiempo de un escritor ansioso por legar su obra a la posteridad. La búsqueda de Voltaire de un refugio, la experiencia del terremoto de Lisboa y la Guerra de los Siete años, promueven una nueva actualización a su reflexiones sobre el orden mundial y su critica al optimismo de Leibniz.

 

Este texto filosófico fue de hecho una acusación en regla contra la tesis del filosofo alemán Leibniz, convencido de la excelencia del a creación divina. Cándido, un joven alemán de espíritu simple y recto, de nacimiento noble pero ilegitimo, fue acogido por el barón de Thunder-ten-Thronck. En el castillo es discípulo del Dr. Pangloss, un partidario como Leibniz de Todo va bien en el mejor de los mundo”. Esta enseñanza y una juventud agradable, lo

convierte en un optimista ligeramente ingenuo. Pero es brutalmente expulsado de ese paraíso, después de ser sorprendido por el barón, cuando besa a Cunegunda, hija legitima, y es ahí que comienzan los problemas de Cándido.

Este texto lo he convertido en una relectura, pues siendo un texto corto en él, Voltaire muestra un aprendizaje. Cándido le da a Voltaire la oportunidad de expresar las grandes preguntas: ¿por qué estamos sufriendo? Si Dios existe, ¿no puede ser cruel? ¿es el mundo tonto?. Es un viaje, una entrada al mundo, una nostalgia por la despreocupación, una reflexión sobre el bien y el mal, una sátira de la sociedad de la época que se hace eco…

Comentarios

Entradas populares de este blog

Los primeros exámenes confirman que Pablo Neruda padecía un cáncer avanzado

La historia oficial señala que el premio Nobel de Literatura Pablo Neruda murió a las diez y media de la noche del 23 de septiembre de 1973 en la clínica Santa María, de Santiago de Chile, a causa de un cáncer de próstata. Sin embargo, Manuel del Carmen Araya Osorio, el chofer chileno que trabajó a su servicio durante sus últimos meses, declaró en 2011 que murió envenenado mediante una inyección letal que le aplicaron en el estómago durante su convalecencia en la clínica, 12 días después del golpe de Estado que perpetró Augusto Pinochet. Tras conocerse la declaración del chófer, el Partido Comunista de Chile presentó una querella para conocer la verdad sobre la muerte de quien tal vez fuera su militante más conocido. Finalmente, los restos del poeta fueron exhumados el lunes 8 de abril en el balneario de Isla Negra, a la orilla del Pacífico, a 100 kilómetros de Santiago de Chile. Ahora, los primeros exámenes radiológicos y de tejidos orgánicos entregados al juez Mar...

Grandes esperanzas (Fragmentos)

«En el primer momento no me fijé en todo esto, pero vi más de lo que podía suponer, y observé que todo aquello, que en otro tiempo debió de ser blanco, se veía amarillento. Observé que la novia que llevaba aquel traje se había marchitado como las flores y la misma ropa, y no le quedaba más brillo que el de sus ojos hundidos. Imaginé que en otro tiempo aquel vestido debió de ceñir el talle esbelto de una mujer joven, y que la figura sobre la que colgaba ahora había quedado reducida a piel y huesos. [...] ―¿Quién es? ―preguntó la dama que estaba sentada junto a la mesa. ―Pip, señora. ―¿Pip? ―El muchacho que ha traído hasta aquí Mr. Pumblechook, señora. He venido a jugar... ―Acércate más, muchacho. Deja que te vea bien. Al encontrarme delante de ella, rehuyendo su mirada, observé con detalle los objetos que nos rodeaban, y reparé en que tanto el reloj que había encima de la mesa como el de la pared estaban parados a las nueves menos veinte. ―Mírame ―me dijo miss...

Aprendiendo a ser María Zambrano

“Estoy verdaderamente desesperada: no recuerdo jamás haberlo estado tanto, se agitan desde ayer en mí tantas cosas que soy más que persona un torbellino”, le escribe María Zambrano a Gregorio del Campo el 30 de enero de 1924. En 37 días solo ha recibido dos cartas de su amado y está furiosa. “Te has equivocado de firme”, le dice poco después: “¡Yo soy lo que me da la gana ser!...”. Felices y desgraciados. Cómplices a veces; otras, distantes. Hay momentos llenos de zalamerías y los hay cargados de reproches. “Setenta cartas y misivas, escritas en los años veinte del novecientos, que han esperado más de 80 años para hacerse públicas, justo cuando hace 20 de la muerte de su autora en 1991”, cuenta en su introducción María Fernanda Santiago Bolaños, responsable de la edición de estas Cartas inéditas (A Gregorio del Campo), que publicará la próxima semana Linteo. Las habían conservado hasta ahora dos sobrinas del destinatario de las mismas, María Teresa y Gloria Villa del...