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Piezas secretas contra el mundo

Una estudiante es acusada de quemar la biblioteca de su universidad en Noruega, aunque ha escapado a Aysén -en el extremo sur de Chile- para enviarle notas de desamor a su pareja mientras escribe el guión de un videojuego donde el lector deberá decidir si los paisajes serán devastados por la industria salmonera, por una serie no resuelta de asesinatos o por un gigantesco incendio. Y, también, si una pareja podría escapar de esa devastación a través del diálogo literario.
Piezas secretas contra el mundo explora las posibles relaciones de amor, sujeción y daño entre las personas y ese espacio completamente abierto que puede ser la naturaleza, el paisaje urbano y también la infinitud de las informaciones electrónicas. Con su arrolladora prosa, elástica y pensante, propone que la mejor literatura es parte de territorios siempre extranjeros, siempre más vastos e insospechados de lo que aparentan en la superficie.
¿Hay otra opción para la novela que enfrentar a Sebald con Lezama Lima, a Faulkner con Borges, a Bolaño con Beckett y a Diamela Eltit con Cormac McCarthy? 
ALBUR: PRIMER NIVEL, PRIMERA ETAPA  
Densa descomposición apretada contra el vidrio de la pantalla del televisor mudo, apenas el viento chifla lejos en la superficie y remueve sólo un gránulo de tierra azul que cae morado hacia el centro y púrpura, gris, negro el resto que se desploma sobre nuestra mirada acá en el fondo. Todo es fondo porque estamos sepultados, no podemos siquiera mover los párpados por el peso de la enormidad del suelo embarrado con pasta arenosa sobre nosotros, y se cuela hacía un mínimo espacio del oído la mándibula de insecto en busca de eso que antes es sangre, uña, hueso, médula, las raices del bosque se adivinan con el reflejo opaco del anillo de un gusano que se abre para empujar el sedimento.

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