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El tren de los niños

Título original: Il treno dei bambini

Autor: Viola Ardone

Traducción: Maria Borri

Editorial: Seix Barral

Año de publicación:2019

Año de edición :2020

Número de página:304

Genero: Ficción, Novel, Guerra, Historia, Familia, Cultura, 

 

La ausencia física solo es recuperada con las hojas sueltas de recuerdo, con la construcción de las experiencias  contenedora de una vida cicatrizada por tiempo, a esto apuesta, este libro, a la reconstrucción de los vagos recuerdos de Amerigo Speranza, quien posibilita la idea de un niño condenado a sus libertades, a fraguar sus miedos con la colectividad de niños al igual que él, unos esperanzados con un viaje placentero, otros a un viaje de las torturas. Así como el tótem en la película El Origen, servía de guía y recuerdo, de conexión con el antepasado, si nos vamos allá de objeto animal, el tótem de Amerigo Speranza era una manzana, la manzana de la despedida que le dio su madre cuando ya estaba en el tren.

 

El tren de los niños es la reconstrucción del recuerdo de un adulto que comenzó en el año 1946, pero que ya en sus 50 “Los dos hemos cumplido ya los cincuenta, pero me doy cuenta de que yo he envejecido peor, más deprisa.” comienza a trillar aquellos caminos que lo vieron nacer en Quartieri Sagnoli, Nápoles, cuando este como corderito de a penas ocho años iba detrás de su madre sin saber donde ir: “Mi madre delante y yo detrás. Ni idea de adónde vamos. Dice que es por mi bien, pero seguro que aquí hay gato encerrado.” El gran secreto que escondía era enviarlo a Rusia, tanto a él, como a todos lo niños. El Partido Comunista logró trasladar unos setenta mil niños albergando la idea de expropiarlo de sus familias, de cortar cualquier lazo familiar, pero con la intensión a su vez de buscar  una mejor vida aquellos niños de la miseria. 

 

Es un novela muy amena, de una lectura sencilla, sin muchos juegos narrativos, mas allá que los dos tiempos con el fin de enfatizar los elementos constructivo de la trama a fin de trazarnos el dolor de la separación familiar. Aunque cabe destacar, que hay momentos donde al escritor le resulta en bajadero cerrar la novela, añadiendo o extendiendo la narración. Y a toda sinceridad, esperaba una novela con más peso histórico, que nostálgico.

 

“Dejé que aquella manzana se fuera marchitando encima de mi escritorio en casa de Derna. No quería comérmela para mantener vivo tu recuerdo, y un buen día ya no la encontré. Ha vuelto a pasar: dejé que el tiempo fuera transcurriendo y ahora ya es tarde.”

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