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El Camino inmortal

Un inolvidable viaje que invita a la reflexión y a la búsqueda de uno mismo  
El Camino de Santiago es una alquimia del tiempo sobre el alma, un viaje que cada año inician cientos de miles de personas. Jean-Christophe Rufin emprende una de las grandes historias de viajes en nuestros días, en la cual el prestigioso novelista, académico y diplomático relata su recorrido de ochocientos kilómetros por el Camino del Norte a Santiago de Compostela. En el trayecto, la experiencia física se transforma en una reflexión que invita a la búsqueda de uno mismo a y a llevar una vida plena y consciente, más allá de lo trivial. Este inusitado peregrino se convierte en un observador lúcido que retrata con un sentido del humor único su travesía por las costas vascas y cantábricas hasta llegar a los montes de Galicia. Coloridos retratos, anécdotas divertidas, un delicioso ejercicio de autocrítica para quienes van a la búsqueda de nada y les mueve la pasión de seguir caminando. 
«Un festín. Una combinación de retratos y anécotas, con una dosificación perfecta de profundidad y de capacidad de reírse de uno mismo. Llega el mejor Rufin.» Le Point
«Ni un segundo de aburrimiento a lo largo de estos 800 kilómetros y 224 páginas en las que asistimos a la mutación del académico y embajador en un celestial vagabundo.» Marianne Payot 
«El académico y diplomático se nos revela tal como es: agudo, divertido y finalmente conmovedor.» Le Figaro Magazine 
«Un apasionante relato de su viaje a Santiago.» Lire
«Un divertimento formidable.» Le Nouvel Observateur
La organización
Cuando, como yo, antes de partir, no se sabe nada de Santiago de Compostela, uno se imagina un antiguo camino que discurre entre hierbas, y a unos peregrinos más o menos solitarios que lo conservan no sin dejar la huella de su paso en él. Craso error, que muy pronto se ve corregido en el momento mismo en que se va a buscar la famosa credencial,* documento obligatorio para acceder a los hospedajes para peregrinos.
     Se descubre entonces que el Camino es objeto, si no de un culto, al menos de una pasión, pasión que comparte gran número de quienes lo han recorrido. Detrás del viejo camino se esconde toda una organización: asociaciones, publicaciones, guías y servicios permanentes especializados. El Camino es una red, una hermandad, una internacional. Nadie está obligado a adherirse a ella, pero esta organización se advierte desde el mismo momento de partir, entregándoos la credencial, ese pasaporte que es mucho más que una cartulina folclórica. Pues, debidamente fichado como futuro ex peregrino, recibiréis en adelante boletines de estudios eruditos, invitaciones a hacer excursiones a pie e incluso, si vivís en determinadas ciudades  a sesiones de intercambio de experiencias, organizadas con viajeros que acaban de regresar. Estos encuentros amistosos en torno a una copa se conocen como el «vino del peregrino».

     Descubrí todo este mundo al entrar una tarde lluviosa en el pequeño establecimiento sito en la rue des Canettes de París, en el barrio de Saint-Sulpice, sede de la asociación de los Amigos de Santiago. El lugar choca, en medio de los bares a la última moda y de las tiendas de ropa. Su sala parroquial huele bien y el polvoriento desorden que reina en ella posee el sello inimitable de los locales llamados «asociativos».

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