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Apostando a la lotto

De muchas maneras se habla de las cuestiones más elementales de la vida, donde en ocasiones el producto experiencia juega un papel preponderante para dar un dictamen de lo que proporciona esos elementos en la vida. Algunos prefieren que el autor de sus expresiones este circunscrito en la viveza de la fe, mientras otros toman como canal expresivo los dictámenes de la razón para llegar a una conclusión, donde muchas veces terminan negándose a sí mismo. A estos elementos no escapa la creencia de Dios, donde en el devenir de tiempo ha dado al lastre en otórgale un concepto a este Dios o una realidad tangible.

En varias ocasiones se ha hablado de la evidente merma de la fe en el mundo. Es decir, aquella fe donde las religiones oferten al hombre una mejor suerte fuera de la mundanidad para estar en un mejor estado. No estoy del todo de acuerdo con este planteamiento, creo que las religiones se han sabido mercadear, han mostrado al hombre un producto, donde esta a opción del quien escucha aceptarlo o no. A esto se une el concepto de rentabilidad, si creer en Dios es rentable o no, si lo que me muestran como producto trae algún beneficio, independientemente, de todos los malos sub-productos que me han mostrado: pedofilia, autoritarismo, no-laicismo, matanza, robo, adulterio, fornicación y otros elementos más que maltratan la imagen del gran producto.

Una vez el filosofo y matemático francés, Blaise Pascal, quien pusiera en marcha la primera máquina calculadora, antes de producirse la muerte de este en 1662, abrazó la fe cristiana, la cual a esto escribió su conocida:”Apuesta de Pascal” donde deja en claro, que tan rentable es creer en Dios o no creer.

La apuesta de Pascal es su argumento entorno a la discusión sobre la creencia en la existencia de Dios, donde basa el supuesto de dicha existencia en la cuestión del azar. Esto del azar me recuerda al azar histórico de Marx o al libro de Nassin Nicholas Taled: ¿Existe la suerte? Engañados por el azar. Pero, este es otro tema. El argumento en si plantea que, aunque no se conoce de algún modo seguro si Dios existe, lo racional es apostar que sí existe.

“La razón es, que aun cuando la probabilidad de la existencia de Dios fuera extremadamente pequeña, tal pequeñez sería comparada por la gran ganancia que se obtendría, o sea, la gloria eterna”

El argumento se presenta en cuatro escenarios:

  • Puedes creer en Dios; si existe, entonces irás al cielo.
  • Puedes creer en Dios; si no existe, entonces no ganarás nada.
  • Puedes no creer en Dios; si no existe, entonces tampoco ganarás nada.
  • Puedes no creer en Dios; si existe, entonces no irás al cielo.

De este modo fue expresada por el mismo filósofo:

Si no creemos en Dios y existieses estaríamos condenados, si no existiese no ganaríamos ni perderíamos.

Si creemos en Dios y existiese ganaríamos el paraíso, si no existiese no ganaríamos ni perderíamos nada.

Con lo cual queda demostrado que es más rentable creer (ganamos o no) que no creer (perdemos o no)

Hay algunas interpretaciones de este argumento, que no lo trataremos aquí, será en otra entrega. Vamos apostemos todo o nada, ¿Cuál sería tu decisión? ¿Mete toda tu fortuna (vida) en Dios o no? ¿Dejaría toda tu ganancia en la ruleta del paraíso?

Por ahí maría se va……..

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