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Pruebas

jueves, 23 de octubre de 2014

“Todo lo que te puede destruir lo llevas dentro”, afirma Jo Nesbo

“Todo lo que te puede destruir lo llevas dentro”. Es una rara afirmación para un autor de novelas policiacas cuyos dos últimos libros además tratan sobre asesinos en serie. Pero no tanto si el escritor se llama Jo Nesbo y su personaje es el autodestructivo comisario Harry Hole. Nunca como en sus dos últimas novelas publicadas en España, El muñeco de nieve (RBA, 2013) y la que aparece ahora, El leopardo (Random House en castellano, y Proa, en catalán), el autor noruego había combinado tanto el relato criminalístico con la reflexión moral, la investigación con la introspección. Temas como la muerte del padre, la traición, el amor, la amistad o la adicción tienen tanto peso en la historia de El leopardo como la intriga detectivesca. Y uno se encuentra ante algunas páginas olvidándose de que estamos persiguiendo a un asesino para darse un baño de sentimientos. También con algunas imágenes extrañamente preciosas en el género, como la chica que llora con el cuello ladeado “como una flor cargada de lluvia”.
“Harry comete errores y paga por ellos, ser persona significa asumir las consecuencias de los actos, las responsabilidades, y asumir que en última instancia tú eres tu propio juez moral”, dice en Barcelona Nesbo, de visita en España para promocionar su obra. “La serie se ha ido desarrollando hacia tratar dilemas morales más que atrapar al asesino”. No se crea con esto que Jo Nesbo se nos ha vuelto Victor Hugo. El núcleo de El leopardo es la caza de un brutal, despiadado y escurridizo criminal que mata de maneras aterradoras. Incluyendo el enganchar a una víctima con pegamento super glue al fondo de una bañera e irla llenando poco a poco, decapitar a otra con una cuerda de ahorcar demasiado larga, o matar a varias más con el terrible artefacto denominado Manzana de Leopoldo, un mecanismo esférico digno de la retorcida imaginación de un Clive Barker que se inserta en la boca y del que, al activarlo, brotan 24 agujas en todas direcciones. ¡Eso no aparece en la panoplia del Cluedo!
“Sigo explorando cosas muy sensibles para todos los seres humanos”, señala Nesbo refiriéndose a los sentimientos y no al arma del crimen. Es consciente de ese salto cualitativo sentimental en sus novelas. Especialmente conmovedor es el hecho de que en El leopardo Harry Hole se enfrenta a la enfermedad terminal de su padre y tiene varias conversaciones con él en el lecho del hospital sobre el recuerdo, el perdón y el autoperdón. “Muchas personas se dan cuenta de que no han estado cerca de su padre cuando éste está muriéndose y entonces perciben las similitudes con él. Es extraño ese momento en que nos damos cuenta de que somos parecidos a nuestros padres”.
Nesbo reconoce aspectos personales en la novela, aparte de que, como a Harry le gustan John Fante y Bukowski : “Cuando mi padre estaba muriendo hablamos mucho de manera similar a como lo hacen Harry y el suyo, sin sentimentalismos pero sin evitar el tema de la muerte”. El principal problema entre el autor y su progenitor ya lo tenían resuelto: “Nuestra relación se puso a prueba cuando me contó, siendo yo adolescente, que en la Segunda Guerra Mundial se había alistado en un regimiento de voluntarios noruegos de las Waffen SS para combatir en Rusia. Me alegró que reconociera su culpa y me explicara que la había expiado”. En la novela, hay otros escenarios además del Oslo y la Noruega habituales de Harry. Al principio Hole está desaparecido en Hong Kong, ciudad que Nesbo visitó para ambientar las primeras escenas, y luego viaja al Congo –con ecos de Conrad, un Kurtz ex mercenario incluido- siguiendo una pista. “Estuve en Congo y Goma trabajando para el Consejo Noruego de refugiados y me parecieron lugares tan impresionantes y llenos de paradojas que los utilicé”.
La Manzana de Leopoldo -conectada con Congo, claro, y cuya creación se atribuye al depredador rey belga- es una invención de Nesbo. “La idea arranca de cuando de pequeños mi hermano y yo tratábamos de comer las manzanas del jardín de mi tía directamente del árbol, para sortear la prohibición de cogerlas, y una vez me encontré con una demasiado grande para sacármela de la boca. Ese es el trasfondo, mezclado con la visita a una exposición de instrumentos de tortura que me mostró qué gran capacidad de invención tienen los seres humanos cuando se trata de infligir dolor”. Es también la manzana criminal, añade, “una metáfora de que todo lo que te puede destruir lo llevas dentro, como un Alien; siempre hay mucho de autodestrucción, por falta de valor, por adicción como Harry; las razones de la derrota están dentro de ti”.
La altura moral de Harry Hole parece ir creciendo con cada novela, como su vulnerabilidad. “Es cierto, se cae a pedazos pero moralmente va mejorando. Un poco como Bad Lieutenant, la película de Abel Ferrara con Harvey Keitel”. Algún momento, Harry casi roza la santidad. Nesbo sonríe. “Es un romántico, un sentimental, muy emotivo, pero ese es también su talón de Aquiles. Sabe que si se rinde al amor o a las emociones será castigado. Su madre murió siendo él joven. Considera el amor como el mordisco del vampiro. Trata de ser analítico con las emociones. Todo eso le convierte en un outsider de la misma sociedad a la que se sacrifica para proteger”.
¿Hacia dónde va Hole? “Hacia el lado oscuro, por supuesto. La cuestión no es saber si va a sobrevivir físicamente –que no lo hará-, es más una cuestión existencial: si su alma está destinada al cielo o al infierno”. También hay sentido del humor en El leopardo: “Humor negro, cuanto más oscuridad hay más humor se necesita para atravesarla”.
Estar fuera de Oslo, su terreno, hace a Jo Nesbo más cercano y proclive a las confidencias. “Es normal que las relaciones terminen”, dice hablando de los amores de Harry Hole, pero no solo. “No tienes que preguntarte qué ha pasado de malo en una relación larga cuando acaba. Es la pregunta errónea. Has de preguntarte qué tenía de bueno para que durara tanto. Si una relación ha seguido su curso y ha terminado naturalmente eso es positivo, hace que te muevas hacia delante. Es mejor que acabe la relación cuando está llena de buenos recuerdos que cuando se llena de recuerdos amargos”.
El leopardo es la octava novela de Harry Hole. Nesbo tiene ya publicadas otras dos. Y ahora ha decidido, como Philip Kerr con el comisario Bernie Gunther, aparcar un poco al investigador para tomar otros rumbos. Está metido en una serie de tres novelas supuestamente escritas por un escritor ficticio de los setentas Tim Johansson, una empresa metaliteraria. ¿Y Hole? “Está ahí, retenido. Tengo escrita una línea de su vida a largo plazo y aún no está al final de ella”.
El Pais