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Pruebas

miércoles, 27 de octubre de 2010

Chindasvinto: Córteselo (cástrenlos), pero a la iglesia no. upsss

Cuando, a veces, escucho esta palabra: castrar o eunuco, siempre me llega a la mente mi infancia. Donde pernotaba cuando pequeño había una granja de cerdos y siempre escuchaba a los dueños: Julián, hay que castrar esos cerdos. La crueldad con que hacían tal procedimiento, era para no volver por esos predios. A pesar de la terrible brutalidad, ferocidad con que ejecutaban dicho evento contra esos animales, era para escandalizar y trastornar todos mis sentidos.

La castración como medio de extracción de los órganos sexuales en los animales domésticos, era lo que veía en esos momentos de infancias, algo cruel, sin sentido, atroz, sin corazón, desprovisto de toda piedad, pero al pasar el tiempo me fui dando cuenta que la castración en los animales, no era propia de aquellos indefensos, sino que dicha práctica era llevada hasta la misma humanidad del hombre.

La historia está plagada de hechos de castración de tiempos inmemorables, que por lo general, eran producto de asuntos religiosos o morales. A los vendedores de esclavos africanos los castraban para incrementar su valor comercial. Era común en Europa la castración de niños cantores, con el fin de que no perdieran la calidad de sus voces en la pubertad, por eso el termino castrati para referirse a los niños del coro de la capilla. Después de una guerra, los vencedores castraban a sus prisioneros, como símbolo de victoria y poder. Hemos escuchado de los llamados eunucos, que estaban al servicio del emperador o emperatriz, eran los guardianes de las zonas de privilegios y cuidados. Ni hablar las prácticas llevadas a cabo por los nazis en los campos de concentración.

Grandes eunucos o castrados de la historia: Ganimedes, asesor de Cleopatra VII, Potino, regente de Ptolomeo XII, Aspamistres, guardaespalda de Jerjes I, el eunuco, funcionario de Candace, que conversa con Felipe, en Hechos 8.26, Cai Lun, a quien se le atribuye la invención del papel, Orígenes, el famoso teólogo de la iglesia primitiva, quien leyó literalmente a Mateo 19.12, se hizo eunuco. Entre otros personajes, no solo antiguos, sino actuales, que es mejor no toca esa tecla, porque hasta presidentes tocas. Je je

Cuenta la historia que el rey visigodo Chindasvinto, siglo VII, usurpó el trono de Tulga, gracias una conjura, por su valentía y energía. En el desarrollo de su dominio decreto la castración de todos los que fueran sorprendió practicando sodomía, pero ni tonto, ni perezoso, esta orden no alcanzaba al clero, pues si eran sorprendido los sodomitas del clero eran perdonados. Algo interesante en esta historia era que la iglesia lo consideraba un gran benefactor, gracias a sus contribuciones y privilegios otorgados a la iglesia, por eso es recordado como el castrado con miedo a la iglesia.

Hay ñeñe, así quien no.

A correr fanático.

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