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Escritores baconianos, dionisianos e hijos de morfeo

Teniendo cierta correlación este blog con la literatura, y mas que afinidad cercanía, pues en él trato de escribir y estacionar informaciones que tengan cierta vecindad con la literatura “La literatura es magia, es aparecer entre la gente sin estar físicamente, es entrar en las almas sin tener que tocar la puerta”, aunque en algunas ocasiones convivo con los problemas sociales que cada día nos arropan, y que de alguna manera me veo en la necesidad de expresar mis quilles, dejar fluir esa sangre cargada de enojo por las barbaries que nos asolan.


En esta ocasión vengo a contarle, que tan allegado esta el alcohol y las drogas en muchos escritores. Es un tema algo engurrioso y hasta espinoso. No todos están inmersos en ese mundo, pero la historia, tiene algo bueno, que no niega su realidad. Lo que pasó esta escrito y lo que no esta escrito ha pasado de boca en boca, hasta transformase en informaciones aéreas.


El premio Nobel de literatura ha estado plagado de alcohólicos. De ochos escritores norteamericanos, que han recibido este estimado y apreciado por muchos galardon, cinco eran alcohólicos, hasta chuparse las medias: Ernest Hemingway, Sinclair Lewis, William Faulkner, O´Neil y John Steinbeck. Cabe resalta que entre los escritores norteamericanos que no han recibido dicho reconocimiento hay un gran número de ellos que han sido hijos notables de Baco o de Dionisio, como el caso de Scout Fitzgerald, Dashiell Hammet, Tennessee William, Jack London, Carson McCullers, Truman Capote, Jack Kerouac, entre otros baconianos.


Podemos decir que otros escritores se hicieron, se forjaron aficionados a empinar el codo, a hacerse buenos amigos del etílico, como es el caso de Ezra Pound, Sherwood Anderson, T.S. Eliot, Thornton Wilder, entre otros. Es bien conocido el caso de O´Neil, quien estaba atrapado en los tentáculos dionisianos, no hasta dejarlo a los 37 años, pero ya era muy tarde, pues en 1943 era incapaz de escribir y cuando lo hacía era ayudado por un dictáfono, llevándolo a la depresión y mas luego a la muerte. S. Fitzgerald con algunas copas, ya sus pies lo hacían mandarse a su cama, aunque haya escrito su novela, más reconocida El Gran Gastby. El caso de E. Hemingway, quien escribiera Por quién doblan las campanas, ya los 41 años la crítica lo consideran acabado, pero no fue doce años más tarde cuando escribe El viejo y el mar.


El caso de Puskin y de Allan Poe, que desde muy temprano cayeron en el enredo del alcohol. El primero, los muchos tragos no le hacían efectos, mientras el segundo, el solo hecho de olerlo (no el sentido literal que damos) bastaba para intoxicarse. Como sostenían algunos, el primer vaso le probaba cierta lucidez creativa, pero el segundo era mortal. Este segundo escritor se dejo arrastra por el camino del opio mas tarde.


Otros de los archis conocidos alcohólicos es Jean Paul Sastre, si ese mismo el escritor y dramaturgo francés, uno de los grandes exponentes del existencialismo y del marxismo humanista, y premio Nobel en el 1964 con su obra más destacada El ser y la nada. Durante el almuerzo se enviscaba, se tragaba un litro de vino y en resto del día otro litro de ya se de Whisky, cerveza, vodka o mas vino. Además de alcohol, se chupaba, absorbía, inhalaba dos paquetes de cigarrillos diarios.


No es de menos mencionar el asombro de Byron, cuando en una ocasión se encuentra con Shelley en Suiza, por el alto consumo de opio que este último utilizaba para hacerle frente al insomnio, a los dolores estomacales, los cuales en dos ocasiones lo llevan a firmar con los ángeles. Verlaine era propenso al laudazo, que es una tintura alcohólica de opio, preparada por primera vez por el alquimista Paracelso. Más bien es un compuesto de vino blanco, azafrán, clavo, canela y otras sustancias además de opio, para calmar las crisis neuróticas.


Hay muchos escritores que la lista seria corta, pero dejemos a la imaginación una pequeña tarea….

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